En La Base, Morón, hay una fiesta rojiblanca. Un casual de las apasionadas zonas del oeste podría pensar que tal alboroto se debe al querido club del barrio, Deportivo Morón. Es lógico: al día siguiente, el Gallo jugaría ante San Martín de Tucumán por un lugar en los cuartos del ascenso a Primera.
Pero este carnaval no es de fútbol. Es el ascenso, sí, pero no de la redonda. Es de la ovalada.
Desde el mediodía que el retumbe de bombos y resonantes trompetas están presentes en Faustino Sarmiento, en aquel estadio que los propios llaman La Base pese a su lejanía de la base aérea de Morón. El brillo de los ojos de los hinchas es notorio, no tienen calculadoras, solo la radio prendida. Los Matreros Rugby Club puede conseguir el ansiado ascenso al Top 14. Después de más de dos décadas de ausencia en la máxima categoría del rugby porteño, hoy tienen entre ojo y ojo la cima, la gloria de llegar arriba, de jugar arriba.
El proyecto había arrancado años antes. Tras la pandemia, Matreros se reconstruyó con una base de juveniles. La preintermedia A, que solía ser el piso, se convirtió en un orgullo: el club incluso llegó a tener una preintermedia D, campeona en 2024.
Hoy el sueño está presente, con una derrota de Champagnat ante Hurling, Matreros ascendería al Top 14 únicamente si ganaría con punto bonus. Su rival, el desafortunado Olivos Rugby Club, el cual está en una de las peores rachas de su historia con diez derrotas al hilo.
Nicolás se sienta en la cabina de transmisión. Mientras prepara el directo para Matreros TV, le tiemblan los dedos, su frente transpira y no puede parar de secarse la frente aunque no se trate de un mediodía especialmente cálido. Sabe que lo esperó toda su vida y mientras prueba el micrófono le da una alegre bienvenida a los espectadores del directo. Su voz miente, se ríe mientras relata la intermedia, categoría anterior a primera. Su risa es falsa, le tiembla la voz cuando hace referencias al partido que está por empezar a las 15:30, fantasear imaginando a estrellas del top 14 como Joaquín Tuculet, Francisco Ferronato, Tito Díaz Bonilla o Scooby Gutierrez Taboada bajando por el Acceso Oeste y manejando por las calles de Morón en el año siguiente.Imagina los golpes del displicente Colin McCormack y los scrums del experimentado ex Puma Juan Pablo Zeiss.
Pero aún falta. En un momento no se da cuenta y el partido de intermedia terminó. Extrañado observó el resultado y el conjunto de zona norte había vencido a los locales. En un momento le entró la duda y se quedó pensando si quizá el conjunto de Munro no iba a ser la changuita que habían pensado.
¿Y si ese día los Olivenses se levantaron inspirados? ¿Y sí tenían preparado un plan para arruinarle el ascenso de pura maldad? No podía soportar otro año de play-off y quedar afuera nuevamente. No podría soportarlo.
La nube de malos pensamientos se fue difuminando a medida que de forma irónica, el humo rojiblanco empezaba a asomar sobre la tribuna dando vista a La Base aérea. El humo empieza a temblar mientras escucha el canto clásico que se escucha en todo el país, en todo deporte, en todas las categorías. “Matreros, mi buen amigo” cantan que son amigos, porque conocen al club de toda su vida.
El club vió a todos los presentes agarrar su primera pelota de rugby, los consoló a todos al verlos llorar por su primer amor y desquitarse con su compañero en un entrenamiento un martes lluvioso. Los vió reír, los vio alegrarse, los vió quedarse afónicos, los acompañó lesionados, los besó tristes y los educó desviados. Cantan también que esa campaña estarán contigo porque es así. Porque lo vieron perder tres play-off seguidos y aún están ahí cantando.
Lo alientan de corazón porque es la vida que conocen, lo que les queda cuando el trabajo desgasta, cuando el amor miente y la amistad se deteriora.
Queda el club. Queda la cancha 1. Queda la tribuna.
No les importa lo que digan los demás, porque el club es de ellos. Y cada día, su amor crece un poco más.
Ahí la ilusión se empieza a hacer realidad cuando al rato del inicio del partido, el hooker Boris Cec llegaría a la punta del ingoal de Olivos trás un trabajado maul de Matreros. El conjunto Munrense reaccionó con un drop goal del apertura Silva Frere pero fue tarde para la catarata de tries rojiblancos que dejaría el primer tiempo 42-10 a favor del local. Nicolás tiembla de la emoción y grita como loco cada ruck como si fuera el final del mundo. El sabe que es el final de su mundo, el que conoce, el de Matreros abajo, como un equipo más. Ya no. Sabe que está a 40 minutos más de llegar a la cima, que Matreros está entre los catorce mejores del país.
Quedan veinte minutos, Olivos hizo dos lindos tries. Todavía está lejos, pero Nicolás sigue inquieto. Pero solo él. Los quince jugadores del oeste están dejando absolutamente todo, dominan por completo y no permiten que los jugadores naranja y negro siquiera se acerquen a la pelota, mientras insisten en pleno golpe, Matreros resiste y sigue con la pelota en posesión. Dos tries más, la gente grita y sigue haciendo fiesta.
En un momento a Nicolás se le abren los ojos y agarra su celular en plena transmisión y su voz empezó a temblar.
“Me está llegando la información… Parece que terminó, si terminó… Hurling le acaba de ganar a Champagnat. Si Matreros gana, es de primera”
No termina de decir la última palabra cuando su voz empezó a temblar y terminó ahogada. Se había olvidado por completo del condicionante para ascender, se estaba dando todo a favor. Por primera vez, el viento va a favor del oeste. El partido continuaba, Matreros siguió con la avalancha de puntos mientras los visitantes solo querían que terminara el partido. En un momento empieza a haber un murmullo más grande en la tribuna, en una jugada en las 22 contrarias se forma otro nuevo ruck. Marcos Amorosa está a punto de abrir la pelota pero escucha un chistido de atrás. Juan Morales levanta la mano, le hace una seña de tiempo. A Marcos se le iluminan los ojos y le lanza la ovalada a Morales. Morales la revienta afuera. Pitazo final. Matreros goléo 62-24
Nicolás no pudo terminar de relatar el ascenso. Se largó a llorar, mientras se secaba las lágrimas gritaba lo que él había pensado pero nunca dijo.
“Toda una vida esperando esto”
El equipo entero se abalanza sobre Morales y no solo sus compañeros. La gente de las tribunas se mete a la cancha eufórica, como unas palomas a migajas. Pero estos son gallos, son fanáticos de Morón, de Matreros. Lágrimas, abrazos, promesas de una noche. El grito de hinchas, de entrenadores y de amigos es desgarrador. El sueño de décadas, de esfuerzos, de noches de insomnio, de descensos, calculadoras, clásicos robados, knock ons en el ingoal y Knock Outs afuera se había terminado.
Nicolás recupera su voz, se refriega los ojos y sonríe, sabe que terminó la espera y que hoy puede decir lo que soñó toda su vida.
“Somos de primera”


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